- El WorkBoy fue un ambicioso prototipo de 1992 que pretendía convertir la Game Boy en una agenda electrónica personal.
- El KeyBoy Advance es una pieza de coleccionista actual que fusiona la estética de la consola de 2001 con un teclado mecánico.
- Ambos dispositivos demuestran cómo la nostalgia por Nintendo impulsa la creación de hardware único y especializado.
Si eres de los que siente un pellizco en el corazón al ver una consola antigua, sabrás que la nostalgia es una fuerza imparable. Últimamente, hemos visto cómo el mercado del hardware se ha vuelto loco por recuperar esa estética retro, mezclando la tecnología de punta con los diseños que nos marcaron en la infancia. En este sentido, los teclados inspirados en las consolas de Nintendo han pasado de ser simples curiosidades a convertirse en objetos de deseo para los coleccionistas más exigentes.
Desde inventos que nunca llegaron a las tiendas hasta periféricos artesanales que cuestan un ojo de la cara, el concepto de escribir en un dispositivo con forma de Game Boy ha tenido un recorrido fascinante. No se trata solo de poner teclas en una carcasa de plástico, sino de reimaginar la productividad y el juego bajo una lente nostálgica que nos transporta directamente a los años 90 y principios de los 2000.
El WorkBoy: El smartphone que casi existe en los noventa
Viajemos mentalmente hasta 1992. En aquel entonces, una empresa llamada Fabtek tuvo una ocurrencia bastante adelantada a su tiempo: ¿por qué no convertir la Game Boy en una herramienta de trabajo? Así nació el WorkBoy, un teclado externo que no servía para jugar al Tetris, sino para transformar la consola en un pequeño ordenador portátil. Aunque hoy nos parezca una locura, en su día fue una apuesta arriesgada que llegó a presentarse en el CES de aquel año y contaba con el visto bueno de Nintendo of America.
El funcionamiento era sencillamente ingenioso para la época. El teclado se conectaba a la Game Boy a través del cable Link y venía acompañado de un cartucho especial. Al insertar este software, la consola dejaba de ser una máquina de juegos para mostrar una interfaz de aplicaciones que recuerda muchísimo a lo que hoy hacemos con el móvil. Era, básicamente, el precursor del smartphone, permitiendo gestionar tareas que hoy damos por sentadas.
- Herramientas de organización: Incluía un calendario y un sistema llamado ‘Daybook’ para planificar la jornada.
- Utilidades globales: Tenía un reloj con horarios internacionales y un traductor básico que manejaba cinco idiomas, entre ellos el castellano.
- Cálculos y datos: Podías convertir monedas, pasar grados Fahrenheit a Celsius y hasta llevar un control manual de tus ahorros bancarios.
- Información geográfica: Poseía un mapa mundial donde podías buscar países y, curiosamente, escuchar sus himnos nacionales.
A pesar de que el prototipo era totalmente funcional y estaba listo para salir al mercado con un precio estimado de 80 dólares, el WorkBoy nunca llegó a venderse. Se especula que el coste final del pack (consola más teclado) era demasiado elevado para el usuario medio, alcanzando los 160 dólares. Además, la idea de estar tecleando en la calle chocaba frontalmente con la imagen de entretenimiento que Nintendo quería proyectar. Solo gracias a canales como DidYouKnowGaming, hemos podido redescubrir este objeto perdido de la historia informática.
KeyBoy Advance: Lujo mecánico para coleccionistas
Dando un salto hasta la actualidad, la nostalgia ha vuelto a golpear con fuerza, pero esta vez desde el sector de los teclados personalizados. El KeyBoy Advance es un dispositivo inalámbrico que rinde homenaje a la legendaria consola lanzada en 2001. No es un producto masivo, sino una pieza de artesanía tecnológica fabricada por Unikeys, donde cada unidad se cuida al detalle para recrear la silueta y los botones frontales de la portátil de Nintendo.
En cuanto a sus especificaciones, este teclado no escatima en calidad. Utiliza interruptores mecánicos de perfil bajo y ofrece una conexión versátil, ya que puede funcionar sin cables o mediante un cable USB tradicional. Su formato es del 50%, lo que lo hace extremadamente compacto y perfecto para escritorios donde el espacio es oro, aunque su diseño con gatillos sugiere que algunos usuarios podrían preferir usarlo sujetándolo con las manos, casi como si estuvieran jugando.
Sin embargo, el punto que más ruido hace es su precio, que comienza en los 324 euros. Es una cifra desorbitada si lo comparamos con un teclado gaming convencional, pero tiene sentido cuando entendemos que es un producto de nicho y tirada limitada. No busca competir en relación calidad-precio, sino ofrecer una experiencia táctil superior envuelta en una carcasa que despierta recuerdos imborrables. Es, en esencia, una joya para aquellos que pueden permitirse el lujo de combinar la escritura mecánica moderna con la estética de la Game Boy Advance.
La trayectoria de estos dispositivos, desde el fallido sueño de productividad de Fabtek hasta el exclusivo lujo de Unikeys, demuestra que la Game Boy es mucho más que una consola; es un icono cultural. Ya sea mediante un cartucho que pretendía organizar nuestra vida en 1992 o un teclado mecánico de alta gama hoy en día, la idea de fusionar la informática con el diseño de Nintendo sigue siendo una apuesta ganadora para quienes buscan estilo y originalidad en su equipo informático.
