- La integración de la inteligencia artificial agentiva como núcleo central del sistema operativo.
- El salto hacia una arquitectura modular llamada CorePC para optimizar el rendimiento.
- La apuesta decidida por los procesadores ARM para lograr una paridad total con x86.
- La posibilidad de un modelo de suscripción para acceder a funciones avanzadas de IA.
Aunque Windows 11 sigue siendo el rey en nuestros escritorios, el runrún sobre su sucesor ya se siente en el aire. Microsoft está cocinando a fuego lento lo que muchos llaman Windows 12, una renovación que promete no ser un simple lavado de cara, sino un cambio de paradigma en cómo interactuamos con el PC.
La verdad es que, aunque la compañía no ha soltado ninguna confirmación oficial, las pistas que dejan en el programa Insider y los análisis de los expertos nos dan una idea bastante clara. Estamos ante un sistema que busca adaptarse a cualquier dispositivo, desde tablets hasta potentes estaciones de trabajo, poniendo la IA en el centro de todo el tinglado.
¿Qué novedades nos trae este nuevo sistema?
El gran cambio vendrá de la mano de la inteligencia artificial. Ya no hablaremos de un asistente que vive en una ventana lateral, sino de un sistema operativo agentivo. Esto significa que la IA estará integrada en el núcleo, permitiendo que el ordenador anticipe necesidades, automatice tareas complejas y gestione el contenido del escritorio de forma inteligente y contextual.
A nivel interno, se habla mucho de una arquitectura llamada CorePC. La idea es que el sistema sea modular, es decir, que se pueda montar y desmontar según el hardware donde se instale. Esto permitiría que las actualizaciones sean mucho más ligeras y que el sistema sea más seguro y estable al aislar los procesos críticos en particiones que el usuario no puede tocar, evitando que un fallo tonto tumbe todo el equipo.
En cuanto al aspecto visual, prepárate para ver cambios frescos. Se rumorea que la barra de tareas será flotante, recordando un poco a lo que vemos en macOS, y que los iconos y el menú de inicio sufrirán una metamorfosis para verse más modernos. Además, se espera una integración mucho más fluida con dispositivos Android e iOS, permitiendo que el ecosistema móvil y el del escritorio se lleven mucho mejor.
La apuesta por ARM y la eficiencia
Microsoft quiere jugar en la misma liga que Apple con sus chips Silicon. Por eso, Windows 12 vendrá optimizado para procesadores ARM, buscando que la emulación de aplicaciones x86 sea casi nativa y sin tirones. El objetivo es que no importe qué chip se use; el rendimiento debe ser estupendo y la batería duradera.
¿Qué hardware necesitaremos para instalarlo?
Aquí es donde la cosa se pone seria. Al meter la IA tan profundamente, los requisitos podrían subir. Se baraja la posibilidad de que existan dos versiones: una básica y otra potenciada con IA. Para esta última, será imprescindible contar con una NPU (Unidad de Procesamiento Neuronal) con una potencia de al menos 40 TOPS, además de subir el listón a los 16 GB de memoria RAM y un SSD de al menos 256 GB.
Para los que no tengan hardware muy potente, probablemente haya una versión más modesta que mantenga los mínimos de Windows 11: un procesador de 64 bits, 4 GB de RAM y el TPM 2.0. De cualquier modo, si se va a comprar un PC nuevo, es mejor buscar procesadores como Intel Core Ultra o AMD Ryzen AI para no quedarse corto.
Precio, licencias y fecha de llegada
Sobre el calendario, hay mucha especulación. Algunos analistas apuntan a finales de 2026 o incluso principios de 2027, coincidiendo con el fin del soporte de versiones antiguas. No es probable que llegue mañana, ya que Microsoft suele lanzar primero versiones beta para que los usuarios del canal Insider pulan los errores.
En cuanto al bolsillo, lo más lógico es que la actualización sea totalmente gratuita para quienes ya tengan una licencia activa de Windows 11. No obstante, ha surgido el rumor de que Microsoft podría implementar un modelo de suscripción mensual (estilo Microsoft 365) para desbloquear las funciones de IA más avanzadas, dejando el sistema básico gratis pero cobrando por el “cerebro” extra.
Cómo prepararse para el salto
Si todavía usas Windows 10, lo más fácil es dar el paso a Windows 11 Pro cuanto antes, ya que es el camino más directo hacia la siguiente versión. Es fundamental revisar que el Secure Boot y el TPM 2.0 estén activos en la BIOS, porque sin esto la actualización será un problema. Mantener el sistema al día con las versiones 24H2 o 25H2 nos dará una idea de cómo será la transición.
Este próximo salto tecnológico promete transformar el PC en una herramienta mucho más inteligente y flexible, donde la modularidad del sistema y el poder de la IA local definan una nueva era de productividad, siempre y cuando contemos con el hardware adecuado para no quedarnos atrás en la carrera de los TOPS y la memoria RAM.





